“A mi madre le diagnosticaron un desorden bipolar agudo y un trastorno esquizo-afectivo, y es una sobreviviente de las instituciones de salud mental de Texas de las décadas de los 60 y 70. Yo sufro un trastorno de despersonalización, definido como un sentimiento de desconexión de las sensaciones del cuerpo y un constante sentido de irrealidad. No existe una cura para este trastorno, así que es algo con lo que aprendí a vivir. Tarnation tiene como fin imitar mis procesos mentales de manera que el público también pueda sentir como si estuvieran en un sueño viviente, que puede causar miedo y ser intenso, pero también puede ser hermoso y glorioso”. (Jonathan Caouette).

El mundo de Jonathan Caouette plasmado en

Foto IMDb
El trasfondo

A los diez años Jonathan Caouette comenzó a filmar confesiones personales y su vida familiar en Portland, Oregon, al noroeste de Estados Unidos. Cerca de los 30 compiló el material y lo presentó como película. La tituló “Tarnation” y es un registro tan amargo como intenso.

La ópera prima de Caouette deambula en la intimidad de sus pensamientos, presentándose de manera frontal, irreprochablemente visceral y de una vitalidad poco vista. Esa estructura narrativa con un intenso tono confesional reducen a la mínima expresión el rol de observador que se da en todo documental. El director nos propone asistir a su caos interno, a su desdoblamiento como director, protagonista, artista, esquizofrénico, hijo de una madre víctima de un nefasto paso por hospitales y prolongadas sesiones de electroshock durante toda su adolescencia. Esa historia fracturada de recuerdos, intensidades, llena de preguntas y al menos alguna respuesta, se multiplican en un relato frenético en diálogo constante con el cine experimental hermosamente acompañado por una banda sonora vertiginosa y también pausada.

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Las influencias

Caouette nos cuenta una historia haciendo una exposición lineal en la que se van sumando causas y efectos. Recurre al montaje tipo video-clip, a la narración psicodélica producto de consumos de droga, recurre al documental, a las aceleraciones y congelados, a canciones y a muchos subtítulos e intertítulos de vieja película muda. Satura el color de la película, la hace hiperrealista, y desde allí deriva al surrealismo.

Las culturas trash, punk y freaks propias de Estados Unidos, convergen en su relato. Toma los referencias de “El bebé de Rosemary” y de las películas de David Lynch y nos hace entrar a la cultura pop estadounidense, a Elizabeth Taylor pintada por Andy Warhol. La sexualidad es algo que se puntualiza constantemente en la cinta pero que no se resuelve.

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La conclusión

Es un gran documental, muy bien contado en donde nunca el espectador pierde el interés por saber cómo termina tanta agonía en la vida de una persona que a penas conocemos, o creemos conocer. No hay actores como en todo documental, pero tampoco tiene la estructura de un típico documental en donde hay gente contando cosas. Nos cuenta todo lo que es necesario saber para seguir la línea de la historia y aparece todo escrito en la pantalla con fotos de fondo. El resto de las grabaciones son caseras, pero montadas tan perfectamente que siguen con la línea de la historia y la tensión que seguramente Jonathan quiso mantener.

El trailer de la cinta lo pueden ver por acá

Esta película hace parte del ciclo “La vida reality” que se presenta desde hace algunas semanas en Berlín-bar, acá en la ciudad de Medellín…. por allá nos vemos éste domingo 6 de mayo a las siete de la noche.