Steven Soderbergh famoso con “Sexo, mentiras y cintas de video”, toma a Kafka como excusa, como pretexto.
Esta película no hace un recorrido por la vida del torturado autor checo, uno de los escritores que más influyentes del siglo XX, sino que pretende crear una ficción entreverada de intriga, misterio, crímenes expresionistas y denuncia del sistema, todo ello con un personaje central, un Kafka en plena madurez creadora.

Con referencias al expresionismo alemán y ambientada en Praga, es un thriller cuyo protagonista es Kafka (protagonizado por Jeremy Irons), empleado de una compañía de seguros. Kafka se dedica a escrbir en sus ratos libres. Un día su amigo y compañero de empresa Edouard Raban aparece muerto, aparentemente ahogado. Obsesionado por ese hecho, Kafka emprende una larga búsqueda que le introduce en un mundo peligroso y enigmático. Sus investigaciones le conducirán hasta los impenetrables muros del castillo que domina la ciudad, se encontrará entonces inmerso en una aventura mucho más intelectual que física.
El film que se comenta no es una biografía del célebre novelista checo Franz Kafka, aunque abunden pequeños detalles reales de su vida, o se ofrezcan posibles explicaciones a los argumentos de algunas de sus historias. El guión de Lem Dobbs toma al personaje del escritor y lo sumerge en una historia kafkiana completamente ficticia, pero que sirve para desarrollar algunas de sus ideas. El protagonista vive en un mundo absurdo, en el que nada parece tener lógica.

Steven Soderbergh rodó esta película en la ciudad de Praga. La oscuridad de la noche potencializa la trama. Ficción y no ficción. Es exactamente eso. Soderbergh mezcla nombres y personajes, y los trae delante de sus cámara, allí pone a funcionar los engranajes de una sociedad totalitaria y burocrática y observadora. La fotografía busca a veces angulaciones extrañas, aunque nunca forzadas, que dan una visión deformada de la realidad, la visión propia de todos los hombres según Kafka.
Actuación contundente y apropiada de Jeremy Irons, acompañado por Theresa Russell.
Walt Lloyd en la dirección de fotografía utiliza muy bien los recursos arquitectónicos que Praga ofrece. La escenografía “natural” no es sólo un elemento más, es parte activa del film.
El final de la cinta confirma plenamente el deprimente pesimismo kafkiano.
El trailer de la película lo pueden ver por acá.
Esta película es la tercera entrega del ciclo La vida reality, y la pueden ver éste domingo 15 de abril en Berlín-Bar (Calle 10 No. 41-65), acá en Medellín
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