3. BABEL
Título original: Babel
Director: Alejandro González Iñárritu
Actuación: Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Elle Fanning, Kôji Yakusho, Rinko Kikuchi, Adriana Barraza
La Biblia habla de una famosa torre construida por los hombres con el fin de alcanzar los cielos. Dios, enojado, la destruyó y esparció a los seres humanos por todo el planeta, separándoles y haciéndoles hablar diferentes lenguas.
El núcleo de BABEL es un tema candente del siglo XXI, la comunicación. La película estudia la incómoda contradicción que representa vivir en un mundo donde la comunicación, gracias a las últimas tecnologías, es relativamente simple en el ámbito global, pero donde sus habitantes se sienten aislados y alejados los unos de los otros.
Esa fue la razón por la que Alejandro González Iñárritu escogió la palabra “Babel” para el título de la película, pensando en la torre de Babel del Génesis.
Durante siglos, la ira de Yahvé y la consiguiente dispersión de una humanidad que ya no podía comunicarse, sirvió para explicar por qué no teníamos la misma cultura ni hablábamos la misma lengua. Para el director, también nos recuerda que seguimos divididos por barreras y malentendidos superficiales.

Las cuatro historias acaecen en tiempos sucesivos y son presentadas en forma de un rompecabezas que el espectador debe ir componiendo y ligando, a la vez que debe permanecer atento a cada detalle de un guión perfectamente construido, y magníficamente montado en un desarrollo no lineal.
La película BABEL, inspirada en la cacofonía de voces humanas que surgió de la torre bíblica, narra cuatro fascinantes historias que transcurren en puntos muy alejados del planeta, pero que de algún modo están unidos.
Todo empieza a partir de un hecho trivial -un turista olvida un rifle de caza en Marruecos– que desencadenará una serie de interacciones personales y globales. Aunque vuelve a los temas de sus dos películas anteriores, “21 gramos” y “Amores perros“, el destino y la interconexión, esta película va más lejos, es un lienzo mucho más grande desde el punto de vista emocional, intelectual y geográfico.
“La única razón por la que estas tres películas pueden considerarse una trilogía, aparte de tener una estructura parcialmente coincidente, es porque, al fin y al cabo, son historias de padres e hijos. A pesar de que hay temas sociales y políticos implícitos en BABEL, no deja de ser un cuarteto de historias muy intimistas”, dice Alejandro González Iñárritu.
La canción Oh my Juliet, de la banda sonora de esta cinta por acá
El Trailer por acá
Programa especial de Cine al Oído, por acá
No gana por:
Pretenciosa, porque si en las anteriores entregas ofrecían un diagnóstico de la situación del individuo contemporáneo, atrapado en la soledad e incomunicación y refugiado en una aparente civilización que, sin embargo, no está muy lejana de los impulsos más primarios y violentos, en Babel pretenden elevar ese diagnóstico a una escala global. Y la propuesta, no acaba de cuajar.
En suma, la trilogía del dolor se cierra con un título que aporta poco a lo que hemos visto en los precedentes, y que alcanzó en “21 gramos” su mayor altura creativa. De hecho, quizá habría que buscar en “Los tres entierros de Melquiades Estrada”, dirigida por Tommy Lee Jones, pero con la inconfundible huella autoral en el guión de Guillermo Arriaga, una representación más poderosa del tejido social, no sólo físico, sino incluso espiritual, respecto a “el otro”, sea éste el vecino con el que no hablamos o el pueblo de lengua y aspecto extraños que vive al otro lado de la frontera y se va mezclando entre nosotros… una imagen que queda sellada con el último plano de “Babel”, un instante entre triste y liberador que es apenas una gota de bálsamo en un frío bosque de edificios luminosos que nos dicen que el mundo alienado de “Blade runner” ya habita entre nosotros.

Merece estar en la lista por:
Es un cine decidido a construir historias personales y jugar narrativamente con el espacio-tiempo, que exige un espectador activo al que se invita a sentir y también a reflexionar, con el miedo y el dolor entretejiendo unas relaciones familiares.
A la vez, son situaciones que tienen su correlato en una sociedad global y de las comunicaciones que no acaba de entender el problema del terrorismo o la inmigración porque no acaba de mirar a la persona concreta como germen último de lo que sucede en otras esferas: al fin y al cabo, todo empieza por un juego bienintencionado de un niño, que nada tiene de terrorista.
Con todo, tenemos una obra maestra que aúna estética y ética, que baja al terreno de la realidad y que habla sin rodeos ni barroquismos al hombre del siglo XXI sobre lo que es la condición humana y sobre la sociedad que estamos construyendo.
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